creatividad2El cortoplacismo que rige a la clase política en nuestro país obliga a sus equipos a la realización de constantes ejercicios de creatividad mal entendida para generar titulares en los medios para trasmitir la sensación, que no la realidad, de que se están haciendo cosas.

En los servicios sociales, en la mayoría de las ocasiones, esta creatividad mal entendida no es muy grave y se limita a crear nuevas denominaciones para problemas, recursos o situaciones habituales que, con nuevo nombre, parecen otra cosa. Ni tan mal, como muestra de ello os invitamos a daros una vuelta pos las comunidades autónomas y analizar los nombres de las consejerías, sencillamente genial.

El problema más grave ocurre cuando al equipo gestor le toca actualizar los marcos normativas que creen que se han quedado obsoletos; por ejemplo, la regulación de los requisitos materiales, funcionales y de personal de las residencias para personas mayores. Es grave sobretodo porque, una vez aprobado, condiciona el futuro de un sector al que estaría bien preguntar previamente.

Como si del juego del MUS se tratase, como elemento transversal en todos los decretos la máxima es YO MÁS. Es decir, que si el de la comunidad de al lado dice que las habitaciones tiene que ser de 16 metros, en la mía de 17. Si el ratio de personal es de 0.45, se sube a 0,55, y si antes un 25% de las habitaciones tenían que ser individuales, ahora un 75%. Y así en todo.

Los responsables de lo público que realizan estas reformas, a veces con el apoyo de profesionales ajenos, ó bien desconocen la realidad del sector, ó solo piensan en el sector público. Es importante recordar aquí que, de los aproximadamente 5.000 centros que hay en España, más de un 70% son de titularidad PRIVADA y también se ven afectados por estas medidas.

Que hay marcos regulatorios que hay que actualizar no lo niega nadie, pero no es menos cierto que hay que tener mucho cuidado a la hora de hacerlo y estaría bien escuchar la voz de todos los agentes, no sólo a los públicos.

Da la impresión que hay dos reflexiones previas que no se hacen y que para nosotros son fundamentales:

1ª ¿Cuáles son las necesidades reales de las personas a atender? Y por lo tanto, cómo se tiene que articular la respuesta.

2º Por otra parte, hay que hacer números y analizar cuánto cuestan estas reformas y si son asumibles, no sólo por la Administración que de una u otra manera puede pagar sino, sobretodo, por parte de las familias de las personas dependientes.

No es tarde para que en algunas consejerías se hagan estas dos preguntas.